La última vez en casa

Por Jeremías Baldantoni

En 1986, año en que Argentina fue campeón mundial en México con Carlos Salvador Bilardo como director y con Diego Armando Maradona mostrando su magia dentro de la cancha, la Confederación Sudamericanade Fútbol (Conmebol) decidió renovar la Copa América. Doce meses después de esa decisión y, luego de 28 años, Argentina volvía a ser el anfitrión y, además, era partícipe del comienzo de una nueva etapa. El certamen empezó a realizarse cada dos años, no cada cuatro como era hasta ese entonces, y se reestableció el formato de las sedes fijas, ya que en las tres ediciones anteriores las selecciones se enfrentaban en lo que se denominaba sede volante, con partidos de ida y vuelta. También se estableció que era obligatorio que participaran todos los países integrantes de la Conmebol.

La edición de 1987 se disputó con una primera ronda de grupos, divididos en tres equipos dejando de lado el “todos contra todos”, en los que clasificaban los primeros de cada uno a la semifinal. En dicha instancia se sumó Uruguay, que era el último campeón, y a partir de ahí los equipos se eliminaban hasta que uno se consagrara como el mejor.

La copa tuvo como mascota a un “Gardelito” con una mirada particular, ya que tenía los ojos completamente negros. Podía visualizarse que el tamaño de sus mejillas era desparejo y utilizaba unos zapatos que bien podrían ser para la imagen de una mujer. El muñeco pisaba con su pie derecho una pelota blanca y negra y tenía puesto un pantalón que le quedaba por encima de su ombligo, casi en la parte inferior de su pecho. Como no podía faltar, llevaba colgada una bufanda celesta y blanca, en representación de los colores de la bandera argentina. Además,  sólo se veía bien el brazo derecho, debido a que el izquierdo parecía estar escondido detrás de su espalda y lo único que se apreciaba era el hombro. Su expresión, con una sonrisa que no se entiende bien si los dientes los tenía salidos, demostraba alegría porque desde 1959 no se realizaba la Copa América en el país.

A pesar de las ausencias de Jorge Valdano y Jorge Burruchaga, el equipo del “Narigón” tenía una base armada y sumó a Juan Gilberto Funes, conocido como el “Búfalo”, José Alberto Percudani, Darío Andrés Siviski, Sergio Goycochea y Claudio Caniggia. Maradona se encontraba en el mejor momento futbolístico de su carrera, pero no pudo volver a darles una nueva alegría a los aficionados argentinos. El equipo integró el Grupo A, en el que enfrentó a Perú y Ecuador, ambos en el estadio de River Plate. Debutó en 27 de junio con un empate en uno ante los peruanos en un Monumental repleto. El “Diego” había puesto en ventaja a los albicelestes, pero Luis Reyna igualó el marcador a los 14 minutos de la segunda parte, dejando una gran desilusión en el público local. Sin embargo, el equipo se recuperó y goleó a Ecuador por 3 a 0, con dos goles de Maradona y uno de Caniggia, todos en la etapa complementaria y se metió entre los cuatro mejores del torneo.

Argentina ya estaba en la semifinal y debía enfrentar a Uruguay, que clasificó directamente a esa fase por haber sido el campeón de América en 1983. Los uruguayos fueron los ganadores del partido con un gol que convirtió el delantero Antonio Alzamendi a los 43 minutos del primer tiempo. La ilusión de los dirigidos por Bilardo se disipó, y sólo tenían la chance de enfrentar a Colombia por el tercer puesto,  aunque no lo lograron y tuvieron que conformarse con la cuarta posición, que gran parte de la prensa calificó como un “fracaso”.

El 11 de julio los colombianos obtuvieron una victoria por 2-1 y se adueñaron del tercer lugar. El partido fue en la cancha de River, y durante los últimos 20 minutos se jugó bajo una neblina que complicaba mucho el campo visual de los futbolistas. En esta copa, un colombiano de 26 años que tenía una porra de rulos rubios llamado Carlos Valderrama, fue la figura del campeonato y ya comenzaba a insinuar lo que años más tarde confirmó: un juego brillante, que sumado a una gran categoría, dio como resultado muchas alegrías para su Selección.

La final tuvo como protagonistas a Uruguay y Chile, que llegó tan lejos luego de vapulear 4-0 a Brasil, que entre sus principales figuras estaban Antonio Careca y Romario, y de vencer en semifinales a Colombia por 2 a 1, en el estadio Chateau Carreras de Córdoba.

El conjunto chileno sorprendió a todos al llegar a la final, pero a los 14 minutos de juego se quedaron con unos menos porque el árbitro expulsó a Eduardo Gómez. No obstante, la situación se emparejó minutos más tarde, cuando Enzo Francescoli vio la roja y los dos quedaron en igualdad de condiciones. Los uruguayos pudieron levantar una nueva copa gracias a que Pablo Bengoechea, un joven que tenía 22 años logró anotar a los 11 del segundo tiempo. A dos minutos de que finalice el encuentro, otros dos jugadores también fueron expulsados por el réferi. José Perdomo del lado de los uruguayos y Fernando Astengo en Chile, pero los celestes de Roberto Fleitas ya era campeones.

Esta fue la última vez que Argentina organizó una Copa América. Después de 24 años sin localía, y de 18 sin coronarse, la Selección que dirige Sergio Batista buscará este año el primer puesto de la mano de un genio, que no es Maradona, su nombre es Lionel Messi.

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