Gabriel Milito

Si la historia de Independiente y el paladar negro que lo distinguió a lo largo de la historia e hizo cosechar todos los títulos que lo convalidan en uno de los mejores clubes de América, tuviesen que ser representados por un jugador en la actualidad, sería uno que cumpla con las siguientes características: Firmeza, eficacia, solvencia, liderazgo, rendimiento, decisión, personalidad y experiencia son algunas de las cualidades con las que debería contar este jugador acorde a la historia y la grandeza de una institución. Es aquí donde la relación entre estos dos factores se une en un solo hombre: Gabriel Alejandro Milito.

Apodado el mariscal en comparación con otro histórico, pero de Racing, Roberto Perfumo por su capacidad de marca, su velocidad, y su gran técnica, Gabriel Milito posee esa alma de caudillo, singular en jugadores con temperamento y categoría.

Gabriel Milito, simplemente llamado en su adolescencia “Gaby”, tiene una particularidad que otros excelentes jugadores del club rojo de Avellaneda no tuvieron. Además de ser un ídolo todavía en actividad, el momento en el que éste triunfó fue diferente. Es un jugador que no brilló en las mejores épocas gloriosas de Independiente, ya que consiguió un solo título, el Apertura 2002, pero le devolvió a la defensa de un equipo la solidez y a su vez la fineza en la marca y la recuperación de la pelota, que coincide con jugadores históricos como Enzo Trossero, o Hugo Villaverde de los tiempos gloriosos, donde se marcó diferencias colosales en torneos y campeonatos internacionales.

La misma actitud le sirvió al líder de la zaga central para ocupar y mantenerse en la Selección argentina. Siempre fue tenido en cuenta por alguno de los entrenadores que pasaron por la conducción del equipo albiceleste, si bien fue amoldado por José Pekerman en los seleccionado juveniles  y cuando este se hizo cargo del seleccionado mayor, convocó a Milito al Mundial de Alemania 2006, era común que otros directores técnicos lo tuviesen en cuenta para integrar un plantel. En la actualidad no sucede lo contrario ya que el entrenador, Sergio “Checho” Batista, ubica  a Milito como titular.

Gabriel Milito vive como juega y juega como vive. Insistió con esfuerzo y dedicación las adversidades de la vida para sobrepasar, en lo deportivo, la rotura de los ligamentos cruzados de su rodilla derecha en dos oportunidades. La primera fue en el año 2001 cuando todavía jugaba en Independiente, demorando su pase al Zaragoza de España. En el año 2008 jugando para el Barcelona de España su rodilla se resintió provocando el alejamiento de las canchas por más de 18 meses. A pesar del tempo y las especulaciones con su retiro como profesional, sobrepasó a la desgracia, siendo un ejemplo en el club catalán, reconocido por el técnico Guardiola y todos sus compañeros.

Con el correr del tiempo y con un fútbol más mezquino que tiempos anteriores, la figura y la presencia del último gran mariscal cobran mayor importancia, mayor renombre. Milito se transforma en un ícono del fútbol actual y una leyenda para tiempos futuros, donde quizás su manera de jugar pero también de vivir este deporte, se encuentre en extinción.

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