Javier Zanetti

Dejarse cautivar por valores como la corrección, la constancia y el profesionalismo, está en cada uno pero esto no invalida ninguna de las virtudes del Zanetti-jugador, que primero y principal rinde en el campo.  Carismático desde su forma de jugar y sus ganas de sumar, sin vestigios tribuneros ni actitudes guerreras, la influencia de Javier Zanetti es aún difícil de medir.

Con una velocidad y un físico imponente se lo ve al “Pupi” corriendo de un extremo a extremo sin parar y menos, cansarse. Con tan solo una pelota Javier Zanetti logró escalar hasta la cima más alta de la montaña con el reconocimiento y el cariño de la gente. Con un pasaje de ida a Italia desempeñó y mostró todo su nivel, mientras que en Argentina dejó su humildad y solidaridad.

Frente al lago de Como, en la localidad de Moltracio, donde está radicado desde 1995, Javier Zanetti brindó una historia futbolística muy grande; cada prenda tiene un valor afectivo: la camiseta de Inter, el pantaloncito de la selección argentina, una media de Banfield y otra de Talleres de Remedios de Escalada, todos.

Con una pila de récords en su mochila y con un corazón enorme lleno de solidaridad, Zanetti, quien nació en Dock Sud, es querido y admirado más allá de su fútbol. De chico siempre colaboró como albañil con su padre hasta que una tarde el fútbol tocó a su puerta.

La mujer que marcó todo su vida es Paula, jugaba al básquet en  Talleres (RE) donde la conoció: “Fue lindo porque ella estuvo presente en todos los momentos de mi carrera y de mi vida, empezamos a crecer juntos desde entonces”. comenta el bailarín del corso Los Dandys de Dock Sud.

Javier “Pupi” Zanetti no sólo vio aquello que sucede en la Argentina sino que eligió poner manos a la obra y junto a su mujer crearon la “Fundación P.U.P.I.” (Por Un Piberío Integrado) para la recuperación social de los niños pobres y carenciados en Argentina.

Su estatua de cera ya estaba puesta en el museo del Meazza antes de su primer scudetto: allí hay sólo 12 jugadores del Milan y 12 del Inter. Son los mejores de todos los tiempos, como para jugar un picadito de madrugada al estilo de Una Noche en el Museo.

Una vez que ponga el punto final a su carrera deportiva, el de Avellaneda quiere continuar en el club italiano, pero no en el banco. “Espero quedarme en el Inter y ocupar un puesto importante en un club, pero no seré entrenador, no me apetece”, confiesa.

Así, ladrillo por ladrillo desde hace más de 15 años, se construye el mito de Zanetti. Su historia tiene poco de hadas y mucho de trabajo. Un caso para estudiar y para imitar.

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