El Sudamericano del 59, otro capítulo del romance entre la política y el fútbol

Por Alfredo Merlo

Uno de las huellas de la desprolijidad que reinó durante un tiempo en la organización del torneo que se celebra este mes en Argentina, fue su doble edición del año 1959. Ecuador, que atravesaba una crisis social la cual había que disimular, consiguió el permiso de la Conmebol para organizar el viejo Campeonato Sudamericano por segunda vez en menos de ocho meses. Fútbol y política, historia de un amor infinito.

La copa se luce. La Conmebol, sonríe. Como en la mayoría de sus ediciones más modernas, la organización del torneo de selecciones más prestigioso del continente americano resplandece por donde se la mire. La televisión, protagonista estelar en todo ese circo que en apariencia lo enaltece, prefiere el orden; y sus organizadores, serviles al negocio, colaboran para que los números cierren.

Pero hubo una época en la que los medios de comunicación no ocupaban ese papel de regente de la pelota, o, al menos, no constituían la voluntad superior. En el año 1959, hace ya más de medio siglo, Ecuador se dio el lujo de organizar por segunda vez en ocho meses el viejo Campeonato Sudamericano de Selecciones – predecesor de la Copa América. El gobierno socialcristiano de Camilo Ponce Enríquez, quien había asumido la presidencia tres años antes, descreditado por una crisis económica que no pudo apaciguar, era enjuiciado por los sectores más populares de la sociedad. El aura de prestigio por haberse destacado en la construcción de obras públicas se había deshilachado por, entre otros factores, una fuerte suba de precios incontrolable. Por eso, las autoridades nacionales necesitaron de la pelota para tratar de apuntalar su imagen alicaída: inaugurar una cancha de fútbol fue el plan de los poncistas.

El presidente ecuatoriano

                                                          El presidente ecuatoriano

El Estadio Modelo de Guayaquil comenzó a construirse en 1947 pero sus obras estuvieron paradas hasta el 59, año en que los asesores de Ponce Enríquez le recomendaron al presidente proseguir con su construcción para sumar a su palmares dirigencial el galardón de la inauguración. Y así fue. El primer intento se dio en el mes de julio con un cuadrangular internacional de equipos en el que participó Huracán. En la ceremonia inaugural de dicho campeonato, Ponce fue insultado y abucheado mientras emitía un discurso de bienvenida. Gran parte de la prensa, obsecuente con el Gobierno, le imputó a la oposición ese intento de sabotaje. 

La revancha llegó en diciembre. Con el inestimable apoyo de la Confederación Sudamericana de Fútbol, Ecuador consiguió inaugurar ese recinto, hoy Estadio Modelo Alberto Spencer. Del 5 al 25 del último mes de ese año se jugó una versión extraordinaria del Campeonato Sudamericano en el que la copa no entró en disputa. El campeón fue Uruguay, y si bien el local terminó en la cuarta ubicación y su fútbol no contagió, el número de espectadores superó los 450 mil

                                                         Estadio Modelo de Guayaquil

En Abril, en Argentina, el local dirigido el tríptico Spinetto- Della Torre-Barreiro se había coronado campeón en la edición regular del certamen. Un dato que grafica el desinterés de las distintas selecciones por la segunda versión del torneo es la diferencia entre los planteles que Brasil utilizó en una y otra competencia. Pelé, Nilton Santos, Garrincha, Didi, Mario Zagallo y Djalma Santos, entre otros jugadores que habían sido la base del campeón mundial en 1958, se quedaron con el subcampeonato en Buenos Aires; un combinado del estado de Pernambuco, ignotos todos, apenas consiguió el tercer puesto meses más tarde en Guayaquil.

Ponce es recordado en Ecuador como un político noble, proactivo y destacado. Su nombramiento significó el retorno del conservadurismo al poder después de 64 años de regímenes populistas, liberales y prosocialistas. Y también el respeto inalterable por la democracia. Dirigió un Gobierno que en un principio logró controlar la economía mediante planes de austeridad, y destacarse en la construcción de obras públicas: el Palacio Legislativo, puentes, tres aeropuertos, ferrocarriles, hoteles, escuelas,  puertos y numerosas remodelaciones testifican el éxito de su partido en esta faceta.  Antes de asumir en el poder había fundado los periódicos Democracia y El Heraldo, y la empresa periodística Unión Católica S.A.  Su nombre también quedará registrado en la estantería del archivo de la pelota por haber utilizado al fútbol como arma para paliar el descontento social. Eso que consiguió durante veinte días de embeleso de un pueblo que recibió al fútbol de Sudamérica, pero que no pudo extender más allá de ese campeonato. Eso que también logró gracias a la anuencia de la dirigencia de este deporte, infatigablemente genuflexa con los circunstanciales  portadores del cetro.

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