Una salvación para el espectáculo

Muchos partidos de fútbol terminan casi sin goles o definitivamente con el arco en cero. A causa de un cambio de mentalidad que comenzó en los entrenadores y hoy ya forma parte, incluso, de los jugadores. “Hay que matarlo al 10, hay que anularlo”. ¡Anular al creativo! y el rival va en busca de lo mismo.

El mensaje que transmite hoy el fútbol no es el mismo que el de hace 50 años. La mira no está calibrada más en el arco de enfrente, sino en desarticular al oponente. Cuanto más hay en juego menos se juega. Se llena el mediocampo de “picapiedras” metedores, lo que se refleja en el resultado.

0-0, 1-0, son los resultados más comunes. ¿Qué tiene de entretenido eso para el espectador?

Más allá de si es en la cancha o mirándolo por televisión es muy poco atrayente presenciar partidos como Arsenal-Quilmes, o a nivel selecciones Bolivia-Ecuador.

¡Te querés matar! Porque si llegan a hacer un gol (de pura casualidad, porque se equivocaron o tuvieron una iluminación divina) el equipo se repliega enseguida y se dedica a cerrar las líneas y mantener el resultado. Y todo pareciera no tener rumbo visible, o mejor, pareciera estar entregado a una corriente que deriva en partidos donde el deleite pasa por algunas fintas que no generan ningún peligro. Pero, como se dijo, pareciera.

Ya se mencionó en innumerables ocasiones que un gol es como un orgasmo, un punto de felicidad y éxtasis total que no dura mucho tiempo, y por el que se daría todo. A la hinchada del fútbol le gusta divertirse, y qué peor que un partido donde tu equipo no convierta, y vos no puedas gritar “gol” ni una sola vez?

Un partido que finaliza 4-3 es infinitamente más entretenido, aunque pierdas, porque más allá de la derrota sabés que tu equipo no bajó los brazos hasta el final. Donde ambos equipo piensan en el gol propio, y no en el ajeno.

“Porque el fútbol de hoy está en el pasado”, dijo Ángel Cappa.

Entonces, hay una manera de girar el timón, dar vuelta el barco y llevarlo a buen puerto. Y consiste en darle más goles al fútbol.

El fútbol puede aprender del rugby. Si nos quieren robar los goles, no dejemos que pase. El rugby otorga un punto extra al equipo que haga 3 tries en un partido, a fin de incentivar que haya mayor cantidad, o al menos, tres por cada lado.

En el fútbol se puede implementar de igual modo. Aquel que convierta tres goles recibirá un punto extra. De esta forma, el conjunto que pierda 4-3 recibirá mayor reconocimiento que uno que pierde por 4 a 0.

Ir en busca del gol constantemente. Eso se quiere lograr con la implementación de la regla.

Que si va ganando 1-0 y necesita más puntos para salir campeón o salvarse del descenso, tenga que meter tres goles. Poner mayor cantidad de jugadores ofensivos en el campo.

De esta manera, en un partido que finaliza 4-3, el equipo que gane sumará 4 puntos y el que pierda, 1, parecido a lo que pasa en el vóley o en el rugby.

Será un fútbol más dinámico, con mayor juego en el área, y se verán menos bodrios como Argentina-Bolivia, a nivel países, o San Martín de Tucumán–Deportivo Merlo.

Pero una vez más el fútbol va en contra de los demás deportes. Si la tendencia va hacia aplicar la tecnología para evitar errores arbitrales o incluso la violencia, las autoridades prefieren manejarse únicamente con los sentidos humanos.

El fútbol puede aprender de otros deportes, y entender que además de ser el deporte más popular y generar el mayor fanatismo a nivel mundial, también es el que más violencia genera, y un deporte donde el espectáculo es el más afectado.

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