Diego Milito

Por Agustín López Armengol

Diego Alberto Milito nació el 12 de junio de 1979 en Bernal, provincia de Buenos Aires, y no salió de la panza de su madre con una pelota de fútbol en brazos por cuestiones lógicas y naturales, pero su relación con la redonda se remonta a sus primeros días de vida. De familia de futbolistas, hizo las inferiores en Racing Club de Avellaneda desde muy pequeño, y debutó en la Primera división del fútbol argentino vistiendo esa camiseta frente a Unión de Santa Fe en 1999. Hermano mayor de Gabriel, que con un año menos que él y casi que llevándole la contra hizo las inferiores y debutó en Independiente, Diego fue el principal referente del Racing campeón del Apertura 2001.

Con 137 partidos jugados y 34 goles en su estadía en el club de Avellaneda, en esa oportunidad y de la mano de Reinaldo “Mostaza” Merlo lograba darle a Racing un título tras 35 años de sequía. Diego fue sin duda, el último gran jugador salido de la cantera albiceleste. Además, el mejor vendido de los últimos años.

Sus buenos rendimientos en el club que lo había visto nacer como profesional lo llevaron en la temporada 2003/04 a emigrar al fútbol italiano, al viejo continente. Así, el quilmeño vistió la casaca del Genoa durante dos temporadas logrando convertir 33 goles en 59 partidos.

En agosto del 2005, viajaba de Italia a España a préstamo para jugar los próximos dos años de su vida en el Real Zaragoza. Dos millones de euros fue la suma que el club español pagó para tenerlo durante dos temporadas. Diego, llegaba al equipo zaragocista con la difícil tarea de reemplazar al español David Villa.

En su primera campaña en aquel equipo Milito consiguió 14 anotaciones aunque su mejor performance la logro en la Copa del Rey de la misma temporada. Allí, a pesar de haber perdido en la final con el RCD Españyol; el Zaragoza dejó en el camino en octavos al Atlético de Madrid, en cuartos al Barcelona y en semifinal al poderoso Real Madrid. El “Mago”, jamás olvidará sus dos goles convertidos al equipo catalán en La Romadera, y los cuatro que le hizo al Real en el mismo escenario en la siguiente instancia.

En la temporada 2005/06 fue el goleador del Real Zaragoza con 23 tantos convertidos. Diego se convertía en el segundo máximo anotador del club maño en una temporada en la máxima categoría segundando al peruano Juan Roberto Seminario que, en 1961, había logrado 25. Además, en esa temporada el Zaragoza se haría dueño de su pase. “Si todo va bien, jugaré un mínimo de seis años en el Zaragoza y eso es media trayectoria en el fútbol profesional”, decía en aquel entonces.

Sin embargo, el soberbio definidor volvió al Genoa italiano en setiembre del 2008 por diez millones de euros y logró convertir en aquella temporada 21 goles en 28 partidos de Liga.

Los grandes equipos del país tano empezaban a mirarlo de reojo y en 2009, Milito, llegaba al equipo más importante de su trayectoria. Al Inter de Milán por 25 millones de euros.

El momento más importante en la vida del jugador fue el 22 de mayo de 2010. Diego ya estaba asentado como el goleador del equipo en el cual actualmente sigue jugando y en aquella ocasión, previo a ser premiado como el mejor jugador de la final, el “Príncipe” convertía sus dos goles más importantes. El Inter se consagraba como el campeón de la Champions League tras 45 años luego de vencer por 2-0 en el Estadio Santiago Bernabéu al Bayern de Munich alemán. En la semana previa al partido decisivo, el nacido en Bernal tiraba: “No es sencillo ganar la Champions pero vamos a dar el máximo por la gente”. Seis días antes también había conseguido la Liga italiana.

Marcos Rojo

Por Jeremías Baldantoni

“Vení, Marcos. A partir de hoy vas a poder cambiarte en el vestuario con nosotros”, le dijo el capitán e ídolo de Estudiantes de La Plata, Juan Sebastián Verón. Así comenzó Marcos Rojo a entrenar en la Primera, que en ese momento era dirigida por Roberto Sensini. Rojo tenía sólo 18 años, y para él era cumplir con lo que anhelaba ser desde que se inició en el club: entrar a la cancha con la camiseta de sus amores. Marcos nació en La Plata, se crió en el barrio El Triunfo, es hincha del equipo albirrojo y se dio el gusto de convertirle su primer gol en la máxima categoría a River, en el Monumental, pero el técnico ya era Alejandro Sabella, con quien logró la Copa Libertadores en el 2009 y el Apertura 2010.

Si bien Marcos prácticamente no jugó mucho tiempo en ese certamen internacional, hizo una promesa que cumplió con creces. “Si ganamos la copa, me la tatúo en el pecho”, y así fue. Esa Libertadores la llevará en su piel por el resto de su vida. Además, fue uno de los privilegiados de los que estuvieron presentes en la final del Mundial de Clubes en Abu Dhabi, cuando el Barcelona los derrotó por 2-1 con un excelente gol de Lionel Messi, que definió de pecho y les quitó el sueño de ser campeones del mundo.

“No tengo problemas en jugar en varias posiciones. Antes se me complicaba hacerlo por la banda, pero de a poco le fui tomando la mano y ahora me siento cómodo en cualquiera de los puestos que me tocó estar”. Al principio era central izquierdo, pero al ser zurdo Sabella lo ubicó como lateral por ese lugar. Ambas posiciones le gustaban, hasta que el entrenador decidió adelantarlo al puesto de volante por izquierda, en el que se habituó y mejoró notablemente su rendimiento en el Apertura 2010. Gracias a ese buen funcionamiento el equipo ruso Spartak de Moscú desembolsó casi tres millones de euros por su pase.

Morocho, de un metro con 87 centímetrosde altura, 80 kilos, espalda ancha y un físico que puede hacer pensar a cualquier persona que sus años de vida son más de 21. Demuestra ser un jugador firme que no es fácil eludirlo en el mano a mano. De buena proyección, aunque no tan veloz como debería ser un lateral, llega al ataque con su fuerza y potencia que sorprende a los defensores rivales.

Marquitos, como le dicen sus amigos, nunca pasó por las selecciones juveniles, fue citado directamente para el conjunto mayor. “No me lo esperaba, fue una emoción inmensa que Sergio Batista me convoque”, comentó luego de conocer que era uno de los elegidos para integrar la Selección local. Si bien no entró a la cancha en su primera citación, ya estaba en la consideración del técnico que lo volvió a llamar, y ahí sí jugó.

El 9 de febrero de este año viajó a Suiza, más precisamente a Ginebra, donde Argentina venció a Portugal por 2-1 en un amistoso, y él tuvo que marcar nada menos que a Cristiano Ronaldo. “En el único sitio donde me crucé con Cristiano fue enla PlayStation, pero no me pudo pasar”, contó entre risas el lateral platense. Su presentación con la celeste y blanca fue discreta, no vislumbró a los aficionados, pero cumplió con su tarea y no desentonó en ningún momento.

Afuera del campo de juego Faustino Marcos Alberto Rojo, como es su nombre completo, suele estar tranquilo mirando a su ídolo Nicolás Cabré en cualquier ficción que actúe. Su programa favorito fue Casi Ángeles, en el que trabajó María Eugenia Suárez, la actriz que lo “vuelve loco”. La música que siempre elige para escuchar es la cumbia, sobre todo si se trata de Mario Luis, a quien él denomina como su “cantante predilecto”.

Su vida actualmente transcurre en Moscú, la fría capital de Rusia, donde defiende los colores del Spartak, uno de los clubes más grandes del país. “Nunca antes había vivido fuera de la casa de mis viejos y ahora me tocó todo junto: un país con un idioma y una cultura diferente a la mía. Estoy mucho tiempo en el departamento porque el frío en la calle es muy fuerte y no salgo a ningún lado. Extraño a mi familia porque ellos están en La Plata”, confesó.

Ezequiel Garay

El trabajo y el esfuerzo han sido siempre los valores característicos de Ezequiel Garay, un defensor de orígenes humilde que le permitió llegar a     formar parte de uno de los clubes más importante del fútbol internacional, el Real Madrid de España.

Desde muy chico comenzó a jugar a la pelota en los clubes de barrios con el sueño de algún día llegar a ser profesional. El primero fue el “Social y Deportivo Cultural Sarmiento” y luego paso al “Club Santa Teresita”.

“En ambos clubes cada categoría tenía diferentes entrenadores. Nos preparábamos dos veces por semana y el domingo jugábamos. Pero en donde aprendíamos era en la calle, en el potrero. Ahí la idea era aprender las manías de las personas más grande y demostrar tus cualidades”.

Garay creció en una familia humilde del barrio de Rosario. Mientras su madre, Miriam, era ama de casa, su padre Gregorio trabajaba como lechero. El dinero que ganaba su papá era la única entrada que disponía la familia y en algunos casos resultaba insuficiente, por ésta razón Ezequiel decidió  a los 13 años probar suerte en las categorías inferiores de Newell’s Old Boys, como defensor central, para ayudar a su familia a nivel económico.

Con tan sólo 18 años debutó en la primera del de Rosario y una semana después de conseguir el título del Torneo Apertura 2004, Américo Gallego puso en cancha a Garay.

Su imponente físico, la calidad para sacar la pelota jugando desde atrás y su habilidad en el juego aéreo no pasaron inadvertido en Europa y al año siguiente cruzó el océano para sumarse en su primera aventura con el Racing de Santander de España, donde se convirtió en el defensor más goleador de Europa, anotando diez goles durante la temporada 2006/07.

Más allá que estaba todo acordado para que a principios del 2008 formara parte de la plantilla del Barcelona, finalizó aterrizando en el Madrid. “Con el equipo Catalán estaba todo pactado. Sin embargo, por unos motivos que desconozco se rompió. Por suerte, después apareció el Real Madrid”.

A pesar de que su presente en el equipo Merengue no sea la mejor, ya que no ha podido conseguir continuidad en el primer equipo y no encontrarse en los planes de José Mourinho, el argentino no pierde las esperanzas de poder tener una oportunidad para demostrar sus grandes condiciones a los dirigentes madridistas que tanto apostaron por él cuando apenas tenía 18 años.

Javier Zanetti

Dejarse cautivar por valores como la corrección, la constancia y el profesionalismo, está en cada uno pero esto no invalida ninguna de las virtudes del Zanetti-jugador, que primero y principal rinde en el campo.  Carismático desde su forma de jugar y sus ganas de sumar, sin vestigios tribuneros ni actitudes guerreras, la influencia de Javier Zanetti es aún difícil de medir.

Con una velocidad y un físico imponente se lo ve al “Pupi” corriendo de un extremo a extremo sin parar y menos, cansarse. Con tan solo una pelota Javier Zanetti logró escalar hasta la cima más alta de la montaña con el reconocimiento y el cariño de la gente. Con un pasaje de ida a Italia desempeñó y mostró todo su nivel, mientras que en Argentina dejó su humildad y solidaridad.

Frente al lago de Como, en la localidad de Moltracio, donde está radicado desde 1995, Javier Zanetti brindó una historia futbolística muy grande; cada prenda tiene un valor afectivo: la camiseta de Inter, el pantaloncito de la selección argentina, una media de Banfield y otra de Talleres de Remedios de Escalada, todos.

Con una pila de récords en su mochila y con un corazón enorme lleno de solidaridad, Zanetti, quien nació en Dock Sud, es querido y admirado más allá de su fútbol. De chico siempre colaboró como albañil con su padre hasta que una tarde el fútbol tocó a su puerta.

La mujer que marcó todo su vida es Paula, jugaba al básquet en  Talleres (RE) donde la conoció: “Fue lindo porque ella estuvo presente en todos los momentos de mi carrera y de mi vida, empezamos a crecer juntos desde entonces”. comenta el bailarín del corso Los Dandys de Dock Sud.

Javier “Pupi” Zanetti no sólo vio aquello que sucede en la Argentina sino que eligió poner manos a la obra y junto a su mujer crearon la “Fundación P.U.P.I.” (Por Un Piberío Integrado) para la recuperación social de los niños pobres y carenciados en Argentina.

Su estatua de cera ya estaba puesta en el museo del Meazza antes de su primer scudetto: allí hay sólo 12 jugadores del Milan y 12 del Inter. Son los mejores de todos los tiempos, como para jugar un picadito de madrugada al estilo de Una Noche en el Museo.

Una vez que ponga el punto final a su carrera deportiva, el de Avellaneda quiere continuar en el club italiano, pero no en el banco. “Espero quedarme en el Inter y ocupar un puesto importante en un club, pero no seré entrenador, no me apetece”, confiesa.

Así, ladrillo por ladrillo desde hace más de 15 años, se construye el mito de Zanetti. Su historia tiene poco de hadas y mucho de trabajo. Un caso para estudiar y para imitar.

Ezequiel Lavezzi

 Sin poder siquiera salir a la calle, por el increíble clamor popular de la gente, Ezequiel “el pocho” Lavezzi, a pocos años de emigrar a Europa, ya es ídolo del Napoli.

Su carrera al igual que su vida tuvo muchos altibajos. Comenzar jugando en el club Coronel Aguirre, y saltar de golpe al Pescara del Calcio, para volver al poquito tiempo por problemas de pasaporte, son cosas que Lavezzi vivió antes de cumplir 18 años.

Doris, su mamá, fue quien lo crió, “la que hizo de madre y padre fue mi mamá. Nosotros siempre dependimos de mi vieja, no tanto de mi viejo. Ella fue toda su vida empleada doméstica, y con eso nos bancaba”, comentó el ex Estudiantes de Buenos Aires.

Nacido en Coronel Aguirre, un barrio de su Rosario natal, su pasión por los colores azul y amarillo de Rosario Central (hasta lleva el escudo tatuado en la espalda), lo llevaron a jugar todos los días en la calle de tierra junto con sus amigos de la infancia.

Carismático y divertido, como lo define su familia, hasta se animó a jugar en Showmach, junto con Marcelo Tinelli, “la gata” Fernández, Pablo Migliore, Maxi López y “el burrito” Ariel Ortega, contra los guardaespaldas de Ricardo Fort. Como era de esperarse, ganaron.

Mostrando un lado desconocido para la gente, en octubre de 2009, Ezequiel Lavezzi, junto con su hermano, Diego, crearon la Asociación Civil Niños del Sur (Ansur), de Villa Gobernador Gálvez, provincia de Santa Fe. Una entidad sin fines de lucro que asiste en forma integral a niño/as y preadolescentes en situación de necesidad.

Su debut en la selección fue en un amistoso ante Chile. Alfio “el coco” Basile lo convocó y lo hizo ingresar en el segundo tiempo por Rodrigo Palacio y aunque no pudo convertir, dejó una gran impresión. Campeón con el sub 23, de la medalla de oro en Pekín 2008, Lavezzi no fue parte de la delegación que viajo a Sudáfrica en 2010 para jugar el Mundial. Pero sí forma parte del plantel que disputará la Copa América en la Argentina, en este 2011.

Si hablamos de cariño Napolitano, nacen las odiosas pero siempre emergentes comparaciones con Diego Armando Maradona. “La comparación se da por la idolatría. Quizás a la gente le puedo despertar cosas similares, a las que despertó al 10 desde la pasión”, explicó Lavezzi a un diario Italiano.

Indefectiblemente Ezequiel Lavezzi es un hombre con muchas caras y todas ellas son gandoras …

Javier Mascherano

”No me gusta la palabra líder. Mucha gente piensa que soy un futbolista de una personalidad muy fuerte, pero la verdad es que soy muy tranquilo”. Las palabras salen de la boca de Javier Mascherano, aquel que en sus inicios era delantero, que luego brilló como volante central y que hoy sorprende como zaguero en el mejor equipo del mundo y posiblemente de la historia.

”Nunca digo lo que alguien tiene que hacer si no lo hago yo antes para dar el ejemplo”, se confiesa el jefecito, como lo apodaron en Núñez. Es que su entrega siempre fue comparada con la de su antecesor en River, Leonardo Astrada, quien luego hasta sería su entrenador en el Millonario.

Cuando le tocó jugar en los seleccionados juveniles, más que un compañero, parecía un hermano mayor. Era el referente y el capitán. Hoy, aquel chico grande ya no es un chico. Creció. Pasan los años y él sigue dejando caer hasta la última gota de sudor, por cualquiera sea la camiseta que luzca.

Desde chico que Javier soñaba con ser jugador de fútbol. ”Quiero ser alguien, lograr algo. Me quiero ir a Buenos Aires, a donde tenga la posibilidad de jugar al fútbol”, le había dicho a su padre a los 13 años, en una clara muestra de madurez y personalidad. La misma personalidad que vio en él el Indio Solari cuando Javier jugaba en Renato Cesarini. ”Este va a ser el cinco de la Selección”, dijo totalmente convencido. ”Yo me reía”, contó su padre, a quien el Indio había llevado a un costado para decírselo.

Aunque antes de proyectarse como volante central, Javier era delantero, y fue su padre quien le vio condiciones para jugar en la mitad de la cancha. ”Como delantero, Javi era velocidad, potencia y buen remate. Pero a mí me parecía que tenía que ser mediocampista, por su justeza y capacidad para levantar la cabeza y poner la pelota donde quería”, dijo su padre, quien no se considera su descubridor. ”Yo le cambié el puesto, pero creo que está más que claro que Javier se descubrió solo”, admite.

Hoy su presente es el Barcelona de Guardiola. Y en ese Barcelona en el que brillan Messi, Xavi, Iniesta y Villa, Javier Mascherano es tan campeón como ellos. Porque, por más paladar negro, es imposible no conmoverse con la entrega y el sacrificio del jugador nacido en San Lorenzo, provincia de Santa Fe. Su importancia queda evidenciada en el momento en que Puyol y Abidal quedaron descartados y el técnico tuvo que acudir a él para tapar un hueco. Y lo hizo muy bien.

Quizá su mayor momento de importancia lo tuvo cuando en el partido de vuelta de octavos de final de la Champions League contra el Arsenal, y a falta de cuatro minutos, Mascherano tuvo que corregir un error de sus compañeros que por poco no terminó en gol del equipo inglés y eliminación para el Barcelona: iban 86 minutos, el equipo de Guardiola estaba 3-1 arriba. El blaugrana hacía correr la pelota hasta que Bendtner aprovechó un error en la salida y justo cuando estaba por definir, Javier apareció desde atrás para tocar la pelota y salvar al Barcelona, a Guardiola, a Messi, a Iniesta, a Xavi y compañía.

No es casualidad que haya debutado en la selección mayor antes que en su club; no es casualidad que a dos meses de llegar al Liverpool haya jugado una final de Liga de Campeones de Europa; no es casualidad que sea el único jugador argentino en ganar las dos medallas de oro que el país tiene en fútbol; nada es casualidad en la vida de Javier  Mascherano. Todo es una causalidad de su entrega y sacrificio.

Mariano Andújar

Este arquero de 1. 94 metros de estatura comenzó su carrera en Huracán, haciendo su debut en primera división en el  2003, un año complicado para el conjunto de Parque Patricios ya que estaba prácticamente descendido a la B Nacional. Su destino por su gran labor en el Globo fue el Calcio italiano, donde vistió y defendió los colores rosas del Palermo durante todo el 2005, hasta que en el 2006 llegó una época difícil de olvidar  tanto para  Andújar como para los hinchas de Estudiantes de La Plata. De la mano de Diego Simeone logran el Apertura 2006, luego de una final en el estadio de Vélez Sarsfield frente a Boca, donde fueron los justos ganadores y vencieron por 2 a 1, tras lograr un torneo a nivel nacional luego de 23 años.

Este joven nacido en la ciudad de Buenos Aires el 30 de julio de 1983, defiende los colores del Catania,  equipo que milita en la Serie A de Italia, desde junio de 2009 y que el contrato es de cuatro temporadas, vivió hasta hace unos días atrás una situación similar a la del conjunto que lo vio nacer, el temido descenso, pero de la mano de Simeone, Andújar  y  8 argentinos más en cancha lograron mantenerlo en la máxima categoría, lo que hizo que ahora se fijen en él las autoridades de Boca Juniors que estarían dispuestos  a adquirir sus servicios.

La primera convocatoria a la Selección nacional fue el 11 de noviembre de 2007, cuando fue citado  para enfrentar a Venezuela y Bolivia por las Eliminatorias en vista al Mundial de Sudáfrica 2010. El debut llegó recién en 2009, un 6 de junio también por las Eliminatorias frente a Colombia.

Ya bajo el mando de Diego Maradona, fue convocado para un amistoso en Rusia  para enfrentar al equipo local en Moscú el 12 de agosto de 2009, donde ganaron por 3 a 2. Ya en instancias finales  rumbo a Sudáfrica fue convocado para enfrentar a Brasil y Paraguay por las eliminatorias. Este fue el final prácticamente de    Mariano en el arco de la Argentina, ya que fue derrota frente al conjunto Carioca por 3 a 1 en la ciudad de Rosario, Santa Fe y declinó para que su lugar sea ocupado por Sergio Romero, quien luego atajaría todos los partidos, incluso los del mundial propiamente dicho. El joven de la cantera Quemera  formo parte de la delegación en Sudáfrica siendo el segundo arquero, pero sin atajar ni un solo minuto. Volvió a la titularidad en marzo de este año ya que Romero había sufrido una lesión y defendió los colores argentinos frente a Estados Unidos y Costa Rica en un marco amistoso. Aunque no cumplió con las expectativas del nuevo técnico de la Selección, Sergio Batista, fue convocado como segundo arquero nuevamente para la Copa América que se realiza en nuestro país, ya que Oscar Ustari sufrió la rotura de ligamentos nuevamente y Mariano paso a ocupar su lugar detrás de Chiquito Romero.